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ⓘ Enrique OGorman




Enrique OGorman
                                     

ⓘ Enrique OGorman

Enrique O´Gorman fue un destacado funcionario argentino con actuación en las últimas décadas del siglo XIX, especialmente en la organización y conducción de la policía y penitenciaría del estado, que obtuvo público reconocimiento por su actuación durante la epidemia que asoló la ciudad de Buenos Aires en 1871.

                                     

1. Biografía

Enrique O´Gorman nació en la Ciudad de Buenos Aires el 11 de noviembre de 1823, hijo de Adolfo OGorman Perichon Vandeuil y de Joaquina Ximénez Pinto, hermano de Camila OGorman 1825-1848 y del sacerdote párroco de San Nicolás de Bari, Eduardo OGorman.

En 1854 fue nombrado oficial auxiliar de la receptoría general de la Aduana. El 19 de enero de 1855 fue electo juez de Paz de Barracas al Sud actual partido de Avellaneda. En 1862 fue electo municipal en dicho partido, en 1864 reelecto como Juez de Paz y presidente municipal, cargo que desempeñó hasta 1867.

El 21 de noviembre de 1867 fue designado Jefe de Policía de la Provincia de Buenos Aires en reemplazo de Cayetano Cazón. Su actuación fue progresista y eficaz, procedió la reorganización del cuerpo y suprimió el uso en las comisarías de las barras y del cepo.

A poco de asumir y en pleno proceso de reorganización, le tocó actuar durante la epidemia de cólera de 1867 y 1868, que según las cifras oficiales costo la ciudad 1580 muertos. La coexistencia en la ciudad de autoridades municipales, provinciales y nacionales dificultaba la acción policial, también en materia de salubridad. La comuna había creado una Comisión Municipal de Higiene que disputaba con la red asistencialista de las parroquias dependientes del obispado pero también con el Consejo de Higiene Pública, creado por las autoridades nacionales en 1852. La epidemia de cólera impulsó la reforma del Consejo de Higiene Pública y la difusión de mecanismos de higiene y control de enfermedades en la población.

En 1868 creó una compañía de Vigilantes Bomberos pero aumentó sus efectivos hasta crear en enero de 1870 el Cuerpo de Bomberos de la Provincia de Buenos Aires, formado por agentes vigilantes de policía. En 1868 proyectó y logró la aprobación del Reglamento General del Departamento de Policía de la Ciudad de Buenos Aires y ese mismo año editó un Manual del Vigilante para el personal subalterno.

Impuso el uso del silbato a los vigilantes. Los toques previstos son: "Reunión: los vigilantes deben marchar hacia el lugar de donde parte; Auxilio: los vigilantes deben auxiliar al que lo ha dado; Marcha: los agentes deben rondar la manzana a su custodia; Llamada: indica la llamada del oficial, sargento o cabo; Incendio: el que deben dar y repetir los agentes mientras se dirigen hacia el lugar del siniestro".

Para 1870 se consideraba que OGorman había tenido éxito en poner orden en la ciudad de Buenos Aires, aunque había llegado al extremo de prohibir los juegos de agua y los pomos en los carnavales de la ciudad.

Cuando en enero de 1871 el comisario de la sección catorce detectó en San Telmo los primeros casos de fiebre amarilla, OGorman informó con celeridad a las distintas áreas intervinientes y recibió la orden de apoyar al Consejo de Higiene en el desalojo de las manzanas afectadas. No obstante la epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires se extendió imparable por la ciudad.

La intervención de la policía y personalmente de OGorman fue constante, con riesgo de su propia vida e incluso cuando enfermó gravemente su propia esposa, al igual que la de su hermano Eduardo OGorman, quien impulsó y fundó el Asilo de Huérfanos.

Las creencias de muchos enfermos en que eran las propias medicinas las que provocaban la enfermedad hicieron que OGorman dispusiera que los policías acompañaran a los médicos en sus visitas.

Finalizada la epidemia, el folletinista Eduardo Gutiérrez publicaba en El Plata Ilustrado lo siguiente:

Al siguiente año, la fama de OGorman dio lugar a una polémica interna en la fuerza policial. Una serie de críticas la jefatura cuestionaban el centralismo y la instrucción militar de las tropas de calle. Santiago Méndez, entonces comisario de órdenes, salió en defensa de OGorman:

Un redactor de la revista polocial, Osvaldo Saavedra, le respondió a Méndez que se dejara "de bombo por simpáticas que sean las personalidades ​

Así, quedó decidido el estallido de la revolución de 1874. El presidente Sarmiento sabía que se tramaba una revolución, por lo que decidió alejar a los jefes mitristas de las fuerzas que los podrían seguir. Posiblemente sospechado de simpatías con el movimiento o reconociendo su fracaso en contenerlo, el 20 de septiembre de 1874 OGorman presentó su renuncia, la que le fue aceptada el 29 de septiembre dándosele las gracias "por los importantes servicios brindados al país", siendo reemplazado por Enrique Baltazar Moreno.

El 19 de enero de 1877 fue nombrado por el gobernador Carlos Casares con acuerdo del Senado como primer gobernador de la Penitenciaría Nacional. Fue el encargado de dictar los primeros reglamentos y organizar la institución. Si por un lado se negó la provisión de presos para empresarios particulares, por otro implementó talleres en la penitenciaría, restringiéndolos la fabricación de productos de uso y consumo del estado para reducir la resistencia de los gremios. Permaneció en su puesto hasta octubre de 1887, cuando se jubiló con goce del sueldo íntegro asignado a ese empleo.

Durante la crisis que desembocó en la revolución de 1880, continuaba al frente de la Comisión Central del cuerpo de Bomberos Voluntarios de la Provincia de Buenos Aires. Ante la situación, el batallón se militarizó rápidamente y en muchos de los partidos de la campaña bonaerense se organizaron cuerpos de bomberos voluntarios con igual objeto.

Falleció en Buenos Aires el 22 de noviembre de 1904. Estaba casado con Josefa Petrona Capdevila Pinto, hija de Pedro Alcántara Capdevila Vigo y de Juana Rita Pinto García, con quien tuvo varios hijos: Joaquina, Adolfo, María, Antonino, Rosario y Pedro.

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